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Viernes 29 de julio se inicia taller de Marco Lógico

Este viernes 29 de julio se inicia la cuarta versión del “curso de metodología de Marco Lógico para programas públicos” que dicta el ex alumno del MGPP, Jorge De La Fuente Olguín y participarán aproximadamente 20 alumnos de nuestro programa.

El taller se realizará este viernes 29, sábado 30 y viernes 5 de agosto.


Conferencia: “Política de Educación Pública en Brasil” del profesor Nelson Maculan Filho

Prof. Víctor L. Pérez Vera, Rector de la Universidad de Chile, saluda atentamente a usted y tiene el agrado de invitarle a la Conferencia “Política de Educación Pública en Brasil”, a cargo del Dr. Nelson Maculan Filho, ex Rector de la U. de Río de Janeiro y Secretario de Educación Superior en el gobierno de Ignacio Lula Da Silva.

Este evento se desarrollará el día jueves 28 de julio, a las 17:30 horas, en el Aula Magna de la Facultad de Economía y Negocios, ubicada en Av. Diagonal Paraguay 205.

 

Santiago, julio de 2011

S.R.C.

Fono : 978 10 56
Email : confirmaciones@uchile.cl

 

Importancia estratégica de las universidades estatales y consideraciones del lucro (Andrés Weintraub)

Un aspecto que pareciera estar claro a estas alturas se refiere a la importancia estratégica de que Chile cuente con universidades estatales. Éste es el mecanismo a través del cual el país desarrolla su política de educación superior e investigación de largo plazo y asegura el impulso de políticas específicas de Estado.

Entre ellas, el desarrollo regional, pautas de calidad y la existencia de instituciones de carácter pluralista que garanticen avances y análisis independientes frente a problemas y coyunturas del país. A esto también se suma el rol histórico de las universidades públicas como un motor importante de movilidad social.

En la discusión sobre educación existe un mensaje muy difundido que dice que lo importante son los bienes públicos que proveen, como investigación y docencia, aunque éstos sean de corto plazo, y no qué tipo de institución los suministra; ésta puede ser estatal o privada. Este mensaje ha tenido aceptación en el medio y contrasta con las experiencias de los países desarrollados, en los que todas las universidades de excelencia son de orientación pública. Algunas de ellas son privadas (MIT y Harvard, entre ellas), pero con un concepto de bien público en su ADN histórico. En este punto, creo que nuestro país registra una seria falla en relación al papel fundamental que juegan las universidades públicas. Y en esto han fallado los dos actores principales del sistema: el Estado y las universidades estatales. Mientras el Estado debiera apoyar a las universidades estatales, estas últimas también tienen deberes que cumplir, entre ellos, la entrega de una enseñanza de calidad.

De acuerdo a como ha actuado el Estado, las universidades públicas no cumplen un rol especial, por lo tanto, no les exige acciones específicas ni controla su calidad. Un ejemplo claro de esto es lo que ocurre con la carrera de Pedagogía. Múltiples estudios muestran que nuestros colegios necesitan con urgencia profesores bien formados. Pese a esto, el Estado nunca se ha acercado, por ejemplo, a la Universidad de Chile para pedirle apoyo en un esquema de formación de profesores de alta calidad (que sería un rol natural de una universidad estatal). Y así como el Estado no asigna un papel especial a las universidades estatales, tampoco parece ver por qué es importante apoyarlas.

Como consecuencia de esta falta de deberes y derechos, muchas universidades estatales tienen serias debilidades. En este escenario, el desarrollo propuesto de entregar mayor apoyo a estos establecimientos contra convenios de desempeño específico no se ve trivial de implementar. Sin embargo, es un camino que permitiría desarrollar en forma importante la educación superior pública. Programas basales de largo plazo, en que se apoyen propuestas de desempeño en instituciones maduras, o planes de desarrollo en instituciones que aún presentan debilidades ayudarían a un importante desarrollo de nuestra educación superior.

Unido a esto aparece la discusión del lucro en la educación terciaria del país. Por ahora, se ha llegado a un consenso en relación a que la prohibición del lucro, violada a través de subterfugios, no puede sostenerse en el tiempo. De aquí que la discusión se centra hoy en la posibilidad de hacer del lucro un objetivo legítimo, punto en el cual se diferenciarían las universidades públicas de las privadas con fines de lucro.

En esta división hay varios aspectos a considerar. Entre ellos, la educación superior de alta calidad, esto es universidades que efectúan investigación relevante para el país y proveen educación superior de alto nivel, las cuales no son compatibles con una institucionalidad que busca ganancias para sus dueños. Esto se puede ver de distintas maneras. De acuerdo a la experiencia, basta mirar las mejores universidades del mundo, incluyendo Chile, para constatar que todas son públicas y sin fines de lucro. Por sus características, en tanto, la investigación se puede definir a través de la creación de conocimiento y su difusión pública por medio de publicaciones de artículos y libros de amplia difusión. Si bien claramente esta actividad no es rentable económicamente, se está creando un bien público en la difusión de conocimiento. Tampoco, por otra parte, resulta rentable tener programas de investigación y docencia de alto nivel en áreas humanistas. En áreas de alta tecnología, las universidades pueden percibir rentas a través de patentes, por ejemplo, pero se trata de actividades de rango limitada (las Escuelas de Negocios reciben importantes ingresos gracias a sus programas de MBA). Una universidad que busca lucrar con la educación operaría fundamentalmente en áreas que son rentables, dejando de lado aquellas que no lo son. Éste es un esquema que se ve poco compatible con una definición de universidad de alta calidad. Por último, también está la cultura académica, un aspecto más difícil de cuantificar y que, a la luz de un análisis de las universidades de alta calidad en el mundo, se ve difícil compatibilizar con el hecho de responder a una junta de accionistas que busca maximizar utilidades.

Se ha propuesto que existan universidades privadas con y sin fines de lucro. Se argumenta que sin un esquema de lucro muchas de las universidades privadas simplemente desaparecerían dejando al país con un déficit de educación superior. Es importante notar que la educación superior basada en docencia ha resultado ser muy rentable en Chile. Aceptando que algunas universidades que básicamente se dedican a labores de docencia podrían legalmente tener fines de lucro, debiera considerarse una regulación rigurosa, aspecto que hoy es muy débil en Chile.

Si bien el mercado funciona razonablemente bien en la detección de calidad de la gran mayoría de los bienes y servicios que se producen, hay excepciones. Una de ellas son los medicamentos, ya que a nadie se le ocurriría dejar que el mercado regule su calidad (única forma de asegurar que la población acceda a remedios en condiciones óptimas).

En la educación ocurre algo similar. El tiempo que transcurre entre que un estudiante ingresa a una carrera y ve cuán bien ha sido preparado para un trabajo posterior, es largo. Así, existe poca transparencia sobre la calidad que entrega la educación superior y escasa información acerca de cómo les va a los graduados de distintas carreras y universidades, en parte por su esencia. Para el público general, en tanto, es difícil percibir la calidad de la educación universitaria. A los alumnos y a sus padres les resulta complejo ver si efectivamente la promesa que la universidad entrega se sostiene a través de la calidad de su cuerpo docente y de sus programas de estudio.

Por lo anterior, toda discusión con respecto a tener universidades privadas con fines de lucro debe incluir un sistema de regulación mucho más riguroso que el que hoy existe.

Andrés Weintraub
Director Instituto Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI) y académico Departamento de Ingeniería Industrial, FCFM-U. de Chile.

 

PABLO GONZÁLEZ: Educación, una nueva oportunidad histórica

Educación: una nueva oportunidad histórica

En educación, el vaso se puede mirar mitad vacío y mitad lleno.

Mitad vacío: una estructura que segmenta e impide que los chilenos más pobres, no importa cuánto se esfuercen, puedan aspirar a obtener buenos puntajes en la PSU. Miles de jóvenes con una deuda que los agobiará durante su vida laboral para comprar el cartón de una universidad de dudosa calidad. Un sistema municipal gratuito en declinación y con problemas crónicos de financiamiento.

El vaso mitad lleno: las coberturas en educación primaria y secundaria son las mayores de A. Latina; los años de escolaridad se han nivelado a los de países desarrollados como España e Irlanda; el país ha mostrado progresos notables en las pruebas PISA y SIMCE y los resultados de los grupos más pobres han mejorado en forma relativa.

Los estudiantes debieran reconocer estos avances y dejar de lado las visiones románticas del pasado —nuestro sistema educacional también era malo en calidad en los 50, 60 y 70, con una exclusión aún mayor: sólo unos pocos llegaban a educación secundaria— y las autoridades deberían aprovechar esta oportunidad, canalizando la capacidad de agencia que han mostrado las organizaciones estudiantiles, y dándoles espacios dentro de la institucionalidad.

Más allá de los elementos discutibles si se toman literalmente las propuestas estudiantiles, hay otros que merecen atención.

Consideremos, desde una perspectiva internacional comparada, algunos ejemplos aludidos en el mensaje presidencial, que necesariamente requerirán una mayor especificación posterior.

Primero, los aportes públicos en el mundo desarrollado van a universidades públicas. En este sentido, Chile es una anomalía y no sólo por el Aporte Fiscal Indirecto (AFI), que no tiene más justificación que la ideología de sus creadores, pues las universidades no necesitan incentivos para atraer a los mejores estudiantes. Esto no significa que deba revertirse, y la modificación propuesta en el mensaje va más bien por cambiar su cálculo para incentivar una mayor equidad.

Segundo, un reporte sobre universidades con fines de lucro en Estados Unidos muestra un balance negativo. Es cierto que éstas han respondido a las demandas incrementando fuertemente la matrícula —a un nivel que las instituciones más tradicionales no habrían sido capaces (ni habrían querido hacerlo)—, pero lo han hecho con una calidad dudosa y sus egresados tienen problemas para pagar sus deudas. ¿Suena conocido? ¿Es compatible el lucro con la calidad en el mercado educativo? Existen ejemplos en el sistema escolar de instituciones con fines de lucro que entregan una educación de calidad. Es tiempo de evaluar su aporte y contribuir con elementos de juicio a un debate que, por el momento, es excesivamente teórico.

Por otra parte, varios países han avanzado en mejores formas de entregar aportes a las universidades estatales que las que actualmente rigen en Chile. Contratos individuales permitirían especificar mejor expectativas y compromisos, mejorando la rendición de cuentas de las instituciones. A mi juicio, son un instrumento más adecuado para impulsar una mayor igualdad de oportunidades que la mantención, modificada, del AFI. Las universidades también podrían aportar con innovaciones que favorecerían una mayor equidad, como, por ejemplo, concentrando los cursos en la mañana o en la tarde para que los estudiantes puedan compatibilizar estudio y trabajo. De algún modo, las universidades tradicionales siguen atrapadas en un modelo educacional pensado para elites que cuentan con financiamiento familiar.

Lo que hoy vivimos en educación no es una crisis, sino una gran oportunidad para avanzar, pues la movilización estudiantil expande el conjunto de los cambios factibles y obliga a una política más transparente y de cara a los actores sociales.

 

Costo y financiamiento de la educación superior (Patricio Meller)

Les comparto columna del profesor Patricio Meller

 

Costo y financiamiento de la educación superior

“…Se cree que la expansión del crédito y la reducción del costo de éste, reducción de la tasa de interés, resolverían el problema de los jóvenes universitarios. Sin embargo, el factor central ha estado ausente del debate: el alto costo de los aranceles universitarios…”.

 

Patricio Meller Ingeniería Industrial Universidad

El costo de la educación universitaria chilena (relativo al PIB/cápita) es el más alto del planeta. A continuación están Corea (del Sur) y EE.UU., cuyos costos relativos son un 20% y un 35% inferiores (respectivamente) al costo local.

No obstante lo anterior, el ingreso a las universidades ha aumentado casi al 7% anual durante la última década. Incluso se observa que los jóvenes de las familias de los menores quintiles de ingreso son los que exhiben mayores tasas de incorporación a las universidades.

Aún más, considerando el período 1997-2009 el nivel de los aranceles universitarios crece en términos reales (descontando la inflación) 150% en Odontología, 120% en Medicina, 60% en Ingeniería y 45% en Pedagogía. Esto implica, por ejemplo, que el costo de estudiar Medicina (en pesos contantes) se ha más que duplicado en 12 años.

¿Por qué siendo tan caras las universidades chilenas aumenta tanto el interés por estudiar una carrera universitaria? Mayores aranceles ¿atraen más estudiantes? ¿Por qué estudiantes de familias de bajos ingresos optan por ir a universidades tan caras?

Hay dos respuestas distintas. La alta tasa de retorno de las carreras universitarias y la gran expansión del crédito para la educación superior.

La tasa de retorno (real) de la mayoría de las carreras universitarias es superior al 20%; esto es válido incluso para carreras como Construcción Civil, Periodismo y Pedagogía. Obviamente hay que tener cuidado en determinar en qué universidades se estudian estas carreras.

Estas elevadas tasas de retorno se explican por las alternativas que enfrenta un joven que finaliza sus estudios escolares. A los 18 años este joven puede escoger quedarse con educación media o seguir estudiando en la educación superior. Las perspectivas para los jóvenes que ingresan al mercado del trabajo después de finalizar sus estudios escolares, dada la precaria calidad de la educación media, radicarían en tener un perfil de remuneraciones bajo y plano durante todo su ciclo de vida laboral. Por esto, la otra alternativa, acceder a la educación superior, constituiría el mecanismo para poder optar a un futuro positivamente mejor.

Se cree que la expansión del crédito y la reducción del costo de éste, reducción de la tasa de interés, resolverían el problema de los jóvenes universitarios. Sin embargo, el factor central ha estado ausente del debate: el alto costo de los aranceles universitarios. El costo de un estudiante universitario supera el 40% del ingreso familiar de los tres quintiles inferiores.

Por otra parte, el gasto público chileno en educación superior (% PIB) es el menor del mundo: 0,5% del PIB. En Brasil y México este porcentaje es superior al 0,8%, mientras que en EE.UU. y en Australia el gasto público (% PIB) en educación superior es 1,4% y 1,1%, respectivamente. En breve, Chile está entre los países con menor gasto público por estudiante en educación superior.

Como consecuencia de lo anterior, Chile es por lejos el país con mayor coeficiente gasto privado/gasto público en educación superior. Por cada peso que aporta el Estado a la educación universitaria, los jóvenes y sus familias tienen que poner cinco pesos. En cambio, en EE.UU. las familias aportan dos dólares por cada dólar de aporte público y en Australia el aporte familiar disminuye a un dólar.

En breve, Chile tiene el mayor costo de la educación universitaria. Además, ésta tiene que ser financiada privadamente por el joven y por sus familias. ¿Por qué es tan alto el costo de las universidades chilenas? y ¿por qué se ha privatizado su financiamiento? Estas son las interrogantes fundamentales del debate universitario. Como se puede apreciar, han estado ausentes del debate.

PATRICIO MELLER: ¿Son similares las universidades a las carnicerías?

 

 

 

Para explicar el funcionamiento de un mercado competitivo, Adam Smith decía que un carnicero que vende carne de alta calidad a un precio reducido no lo hace porque tenga un espíritu filantrópico. Sabe que si él no se comporta así, otro carnicero lo hará, y él se quedará sin clientes.

En breve, es la “mano invisible” de la competencia lo que induce a los productores a generar bienes de alta calidad y bajos precios.

Esta lógica del mercado competitivo es la que constituye la base conceptual de la ley de 1981 sobre la educación superior. En consecuencia, como hay 60 universidades en el país, se esperaría que si se comportaran como las carnicerías, tendríamos una educación superior de alta calidad y con reducidos aranceles. Sin embargo, la realidad que enfrentan los estudiantes chilenos es distinta. ¿Por qué?

Existen tres diferencias cruciales entre las universidades y las carnicerías. Veamos en primera instancia el problema de la calidad. ¿Cómo se mide la calidad de una universidad?, ¿existe un indicador único? El que un joven de 18 años tenga que elegir en qué universidad quiere estudiar es equivalente a que se oriente con los ojos vendados en diversos cuartos oscuros. Aun cuando los estudiantes pudieran hacer una especie de “zapping”, a través de diversas universidades durante el primer mes de clases, ¿captarían las diferencias de calidad existentes? Gran parte de los universitarios, incluso después de haber cursado tres años de una carrera, ni siquiera tienen claro lo que están estudiando, ni para qué les va a servir en el ejercicio de la profesión.

Se supone que el proceso de acreditación debiera dar información sobre la calidad de una institución de educación superior, pero en realidad su objetivo es más restringido. La acreditación trata realmente de velar por la idoneidad de una institución; en otras palabras, que ésta entregue títulos profesionales con valor agregado adecuado y que no sea simplemente una venta de diplomas sin contenido asociado.

El segundo elemento distintivo de las universidades es el valor de la matrícula y de los aranceles. Cuando un joven paga $300.000 mensuales por estudiar, ¿qué es lo que está recibiendo a cambio si no se puede evaluar la calidad de la enseñanza? ¿Es el cobro de $300.000 el monto adecuado por lo que le está dando la institución universitaria?

La respuesta económica convencional diría que si el mercado es competitivo, los $300.000 corresponderían al precio de equilibrio y, por  lo  tanto, al  precio óptimo  (o “socialmente justo” ). Pero el problema observado en la realidad de la educación superior chilena es que las universidades no compiten vía precio; ¿ha visto usted alguna universidad reduciendo aranceles para atraer a los estudiantes de otra universidad?
Las universidades compiten vía marketing, valiéndose de un nutrido avisaje en variados medios de comunicación. Así es como vemos fotos de infraestructura en las páginas sociales, etc. ¿Cuál es la relación entre este tipo de fotos y la calidad de la docencia (e investigación) de una universidad? El resultado de este proceso competitivo es el significativo incremento de los costos, con el consiguiente aumento de los aranceles universitarios, los que están  disociados del valor agregado a la formación de los estudiantes.

La tercera diferencia está asociada a las características del bien o servicio producido. Un sándwich de carne es claramente un bien privado que sólo beneficia a quien se lo come; luego, es lógico que sea pagado privadamente. En cambio, la educación tiene una mezcla de beneficios privados y públicos. Los beneficios públicos están asociados al efecto positivo que tiene un mayor nivel de capital humano sobre el crecimiento económico; además, una sociedad con más profesionales genera una mayor calidad de vida. Luego, el financiamiento de la educación superior debiera tener aportes públicos y privados; la composición de estos aportes es algo que establece cada sociedad. En la mayoría de los países de la Ocde el aporte público supera en porcentaje al privado, esto significa que se percibe que los beneficios públicos superan a los privados.

En Chile, en cambio, el aporte público es el 20% del aporte privado, es decir, se cree que la educación universitaria es primordialmente un bien privado. Esta diferente valoración de la educación universitaria en los países de la Ocde y en Chile está asociada al hecho de que aquí aún persiste la idea de que no habría diferencia entre estudiar en la universidad y comer carne. ¿Esto es lo que realmente piensa y quiere la sociedad chilena? Los jóvenes están presionando para que se establezca una clara diferencia.

Académico Ingeniería Industrial, Universidad de Chile
Columna publicada en la sección de Negocios del 11 de julio de 2011.

http://blog.latercera.com/blog/murodenegocios/entry/son_similares_las_universidades_a