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Raphael Bergoeing: Malas ideas

Señor Director:

Aprovecho el cuestionamiento a las reformas para plantear mi preocupación por lo que considero son malas ideas que desde hace un rato rondan en el ámbito de la política pública en Chile.

Primero, comprometer reformas para los primeros 100 días, mensaje repetido durante los últimos tres gobiernos. La idea viene de las políticas del New Deal, implementadas en EE.UU. ante la tragedia de la Gran Depresión. Pero la complejidad de una buena reforma exige reflexión, y esta es enemiga de la urgencia. Los problemas técnicos que tiene la reforma tributaria son en parte resultado de este apuro innecesario. Faltó el proceso de deliberación que permite un trámite prudente en el Congreso.

Segundo, una reforma se justifica por sus objetivos. Pareciera que es suficiente reconocer una necesidad para respaldar cualquier reforma. Sin embargo, no basta con el diagnóstico: una buena política también requiere un buen diseño e implementación. Un ejemplo lamentable es el Transantiago.

Tercero, las reformas deben postergarse si generan incertidumbre, porque afectan el crecimiento. Todo cambio asusta, y en el caso de las buenas reformas, estas muchas veces incluso duelen en lo inmediato. Pero su beneficio se construye desde lo que vendrá. Y ello exige una institucionalidad pública capaz de resistir las presiones de los grupos de interés que intenten bloquearlas. Modernizar el Estado, posibilitando políticas que superen al gobierno de turno, es un gran desafío pendiente.

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